“Hay que medir bien la innovación”

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Si la innovación es el proceso que convierte una idea en valor percibido por el cliente, manteniendo la competitividad de la empresa de forma sostenible, ser competitivo es, sencillamente, ser diferente en la mente de los consumidores

Si la innovación es el proceso que convierte una idea en valor percibido por el cliente, manteniendo la competitividad de la empresa de forma sostenible, ser competitivo es, sencillamente, ser diferente en la mente de los consumidores. Sabemos que lograrlo no es fácil, pero que se puede conseguir de muchas formas. En nuestro sector se tiende a simplificar el concepto de innovación, confundiéndolo con un indicador importante, pero no el único: los lanzamientos de nuevos productos que permanecen en los lineales 6, 12 ó 18 meses. Por ello, a menudo cometemos el error de valorar la innovación de la cadena agroalimentaria española comparándola con la de otros países que tienen, por ejemplo, un peso de los productos frescos mucho menor que el nuestro, afortunadamente para nuestra dieta. Los 104 kg de frutas frescas consumidos por persona y año (frente a los 80 de la media de la UE) o los 43 kg de pescado (frente a os 18 de Europa) no tienen que restar espacio a la innovación, pero sí nos obligan a plantearla en términos diferentes. Igual que el escaso peso en nuestro mercado de categorías completas que en otros países son muy innovadoras y aquí apenas están desarrolladas, como las grasas para cocinar.

La innovación, afortunadamente, es un concepto mucho más amplio. Innovar es mejorar la tecnología de comunicación entre fabricantes y distribuidores para obtener ventajas logísticas que ahorren costes a ambos; innovar es acordar juntos –la industria y la distribución- la mejor forma de cumplir con las obligaciones de información al consumidor en el etiquetado, para que éstas no sean una amenaza, sino una oportunidad para vender más; e innovar es, también, crear alianzas –como las que están desarrollando las empresas de distribución- para compartir la información esencial sobre el comportamiento de los clientes en las tiendas, para que sus proveedores puedan adaptarse a los cambios de hábitos, que son cada vez más rápidos.

Los supermercados se juegan más que otros formatos en el diseño de sus surtidos, porque su espacio está más limitado y compiten en proximidad con otros operadores que también buscan ser diferentes. Por ello, para que el consumidor encuentre siempre los productos que le aporten el valor que necesita, los supermercados tienen que buscar, valorar y promover la innovación al máximo para ser competitivos. Y solo pueden hacerlo colaborando con sus proveedores, con casi tantos modelos como empresas existen. El resultado es una cadena alimentaria verdaderamente innovadora, además de competitiva que, según la Comisión Europea, tiene hoy el reto de mejorar la situación de agricultores y ganaderos para incrementar su productividad y hacerla sostenible.